Sant Jordi

Día-de-Sant-Jordi1Mañana, 23 de abril, en Cataluña celebramos la “diada de Sant Jordi”. Uno de los días que más disfruto y eso que el alcohol no interviene. Pero Barcelona se viste de intelectual, con gafas incluidas, y pasear entre sus calles engalanadas de literatura y rosas es un pequeño placer suburbano y nadie debería perdérselo. Salvo que seas alérgico al polen o las multitudes, en ese caso te recomiendo quedarte en casa encerrado. Si eres un cínico hastiado del romanticismo el consejo es el mismo, ya que en los últimos tiempos lo hemos convertido en una batalla con San Valentín por ser el día más empalagoso del año. Y es que regalar un libro y una rosa es más económico que los regalos que suele reclamar cupido, y además como todos se regalan lo mismo, no hay riesgo de quedar mal en comparación con otras parejas. Esa es la principal razón por la que nosotros preferimos Sant Jordi.

Pero siempre me ha llamado la atención que, siendo un día especial del que nos sentimos muy orgullosos, sea la única festividad de este país que no tiene un plato típico para conmemorarla. Un fallo de marketing que ensucia nuestra fama de pueblo ávido en los negocios y tendríamos que corregir. Acepto que es difícil en los últimos siglos conseguir carne de dragón, ingrediente estrella para esta fecha, pero eso no es excusa para un pueblo puntero en los últimos años en lo que a gastronomía se refiere, no invente una receta acorde con los valores que representa. No debería ser complicado, nadie sabe la razón por la que se regala un libro, pero se asumió con naturalidad y se hizo un símbolo. No creo que ahora nos pongamos puntillosos para escoger una comida y convertirla en tradicional.

Lo de la rosa se entiende. Representa la sangre derramada del dragón a manos del heroico mercenario contratado por el rey, para salvar a la princesa. Si lo piensas bien el bueno de esta leyenda es el pobre dragón. Pocos animales salvajes en la naturaleza, son tan nobles como para, pudiendo acabar con un poblado medieval en cuestión de semanas, aceptar convivir en paz a cambio de solo una vida humana al año. Y el trato funciono durante siglos sin problemas  hasta que le toco a la hija del rey y… bueno ya sabéis como acaban estas cosas. El hecho definitivo que confirma mi teoría de la bondad del animal, es que brote un rosal donde se desangro. ¿En que otra leyenda mitológica del bien contra el mal, de la sangre maligna nacen cosas bonitas? Se quema la tierra, aparece una zona pantanosa o siniestros árboles que incitan al suicidio, no hermosas rosas de embriagador aroma. Esa es la simbología de las almas puras de muerte injusta.

Pero volviendo al tema gastronómico  e incitando a los aficionados al buen comer en movilizaros por la causa. San Jordi necesita un emblema culinario. Yo estoy a favor de una tarta, es posible que la industria pastelera ya tenga demasiados días para ellos, con la mona de pascua, el moscón de reyes, las cocas de sanjuán, los bombones de san Valentín y alguna cosa más que seguro olvido. Y puede que no sea mala idea buscar otra opción. Aunque la típica imagen de una pareja disfrutando del sol primaveral, en la terraza de una pequeña cafetería, a punto de intercambiar regalos con ojos vidriosos de ilusión, en mi opinión mejora sustancialmente si comparten un trozo de pastel. Aunque pueda producir diabetes a los espectadores neutros de la escena, también he de advertirlo.

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