Cena con Ivan

 tumblr_kw5wqa2NlG1qaho1go1_400Llego al pequeño restaurante de Rue Pierre Nicole donde Ivan y Pauline ya me están esperando. El “maitre” me indica su mesa y me dirijo hacía ellos. Beben un borgoña. Iván se levanta y me da un abrazo. Me habían dicho que era tímido pero me encuentro delante de un hombre afable que no deja de sonreír. No consigo ver en él al Karamázinov de Dostoyevski. Se muestra, desde el momento en que cruzamos las primeras palabras, interesado por mis orígenes, me pregunta sin cesar sobre mi país. Pese a los miles de kilómetros que separan su tierra natal de la mía las situaciones se asemejan. Nos encontramos en los confines de Europa y nos esforzamos, cada pueblo a su modo, para ser europeos, pero lo logramos a duras penas. Preservar el alma del pueblo, eso se da por sentado.

 – Espero que no se moleste pero ya hemos pedido la comida, en breve nos la traerán.

 Molestarme, que va, me siento acogido delante de esta pareja. Ella es sin duda la Lou Andreá-Salome del sur. Su mirada inteligente y cariñosa, sus movimientos gráciles que topan con la torpeza de Turgeniev. No es bella, a mi parecer, pero irradia un tipo de candor extraño.

 Nos traen tres platos de vichysoisse. Nunca me ha gustado esta sopa pero la compañía me impulsa a comerla con avidez.

 – No digo que tengamos que renunciar a nuestro ser histórico, a nuestro pasado y a nuestras tradiciones, digo más bien que se puede exportar un tanto del progreso europeo a Rusia y esto es algo que conviene.

 – Mejor esto que la exportación de Nechaiev.

 Llega un faisán dorado en una gran fuente. Resulta estar lleno de trufas y foie-gras. Comemos ensuciándonos un poco los dedos. Es lo que le debe quedar a Ivan de la aridez rusa.

 – Pobre diablo, Nechaiev fue una persona inteligente y valida pero que se equivocó al llevar al extremo sus pensamientos, eso si consideramos que se equivocó. Trace usted un plano con las ideas. Dostoyevski esta en un extremo, Nechaiev en el otro y yo en el centro.

 – ¿El cómodo centro?

 – Nunca. Nechaiev intento destruir la moral. Dostoyevski se aferró a una moral consuetudinaria y caduca. Yo tuve que construir un puente, saboteado por ambos lados y realmente, ni siquiera lo construí, solo tuve que mirar lo que existía en mi alrededor y explicarlo.

 De postres, “creppes”. De frutas del bosque la mía y la de Ivan. De chocolate la de Pauline.

 – Vuestra historia de amor siempre me conmovió. – Apunto mientras saboreo un gran “cognac”. – Cuando paseo por el centro de Barcelona siempre voy a ver el busto de su hermana, querida Pauline. Es lo que tengo más cerca para recordarme de ustedes. Aprender ruso para leer a su amado y aún al final de su vida, convertirse en su escribiente. Conmovedor. – Me levanto y me pongo el abrigo y el sombrero. – Gracias, Ivan, gracias por la Sonata a Kreutzer y por la Muerte de Ivan Ilich.

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